sábado, 13 de octubre de 2012

Ramón Sabella relató hace 6 años en Segorbe el accidente que sufrieron en los Andes en 1972

Vídeo: Fragmento de la última conferencia de Ramón Sabella hace 3 meses

Este sábado se cumplen cuarenta años de uno de los accidentes aéreos más dramáticos, que devino en uno de los más recientes ejemplos de superación humana. Por ello, varios actos han rendido homenaje hoy a los supervivientes y recuerdan a las víctimas.

Desde aquí, también queremos sumarnos con un pequeño homenaje en esta efeméride, ya que hace 6 años el Ayuntamiento de Segorbe patrocinó una charla-coloquio que contó con la presencia de Ramón Sabella Barreiro, uno de los 16 sobrevivientes de la caída de un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya sobre la cordillera de los Andes en octubre de 1972, que plasmó la película “Viven”.


El superviviente, Ramón Sabella, en su exposición trató además temas de liderazgo, la fe y la confianza, la unión frente a las adversidades y la necesidad de aprender y crecer con ellas. La charla, a la que acudieron más de cien personas, se enmarcó dentro del Ciclo de Conferencias que organizó la Asociación Peña Tío Julio de Segorbe.


La Conferencia se inició con el pase de un vídeo basado en la historia del Accidente de los Andes, seguido de una exposición de fotografías que fue explicando Sabella. “Yo tenía 21 años, fue un viernes 13 por la tarde. Íbamos volando entre las nubes y debido a un error del piloto, el avión chocó contra la cordillera de los Andes”, comentó Sabella. Cabe recordar que en aquel avión viajaban los jugadores del Old Christians, un equipo de rugby de un colegio de Montevideo.

El superviviente relató que “lo más impresionante fue cuando llegué a la entrada de la cabina que estaba bloqueada por los asientos, caminaba por la nieve, y descubrí que Ferradas y Lagurara, los pilotos del aparato, estaban atrapados en los asientos y los instrumentos habían penetrado en sus cuerpos. Ferradas estaba muerto, pero Lagurara aún estaba con vida y le suplicaba a Sabella que lo auxiliara”.

Sabella, trató inútilmente de hacer funcionar la radio pero nunca lo logró. “Laguara me pidió que cogiera una pistola que tenía en su portafolios y le pegará un tiro. No cesaba de decir que todo aquello era un desastre, pero le convencí que esperará al día siguiente, que vendrían los equipos de rescate a por todos nosotros”.

Los 32 supervivientes se dispusieron a pasar la noche en el avión destruido, a la espera de ser rescatados, aunque tuvieron que esperar 70 días. Trataron de resistir con las pocas reservas de alimentos que poseían, esperando ser rescatados. Desesperados ante la ausencia de alimentos y agotada su resistencia física, se vieron obligados a alimentarse de sus compañeros muertos para poder seguir viviendo. “Teníamos un sólo fin, una sola meta, que era sobrevivir y salir de ahí, y no había nada que esperar, porque no sabías si ibas a vivir una hora, un minuto, un día más, la angustia nos embargaba”.

Finalmente, relató que hartos de las bajísimas temperaturas, la amenaza de aludes, y angustiados por la muerte de sus compañeros y la lenta espera del rescate, dos de los jugadores de rugby decidieron salir a buscar ayuda. Así, el 22 de diciembre de 1972, tras haber sobrevivido setenta días, fueron rescatados.


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